El estado español y la revolución

“Ocurre hoy con la doctrina de Marx lo que ha solido ocurrir en la historia repetidas veces con las doctrinas de los pensadores revolucionarios y de los jefes de las clases oprimidas en su lucha por la liberación. En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para “consolar” y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola. En semejante “arreglo” del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero. Olvidan, relegan a un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hacen pasar a primer plano, ensalzan lo que es o parece ser aceptable para la burguesía. Todos los socialchovinistas son hoy -¡bromas aparte!- “marxistas”. Y cada vez con mayor frecuencia los sabios burgueses alemanes, que ayer todavía eran especialistas en pulverizar el marxismo, hablan hoy ¡de un Marx “nacional-alemán” que, según ellos, educó estas asociaciones obreras tan magníficamente organizadas para llevar a cabo la guerra de rapiñal!”[1]

Ya lo decía Lenin en su El estado y la revolución, al que tributo honores con el título de este artículo, y a pesar de ello seguimos en la misma tesitura, incluso entre los que hoy son -¡bromas aparte!- ”marxistas”. El marxismo-leninismo en el Estado español ha sido amoldado a los intereses de la burguesía de manera que los revolucionarios son en primer lugar criticados por estos marxistas sacados de la cadena de producción del sistema para después, si estos revolucionarios no llegan a dejarse llevar o desesperar por estos revolucionarios contrarrevolucionarios, sufran primero la represión de las fuerzas de seguridad del Estado o incluso una persecusión legal de su sistema burgués que con todas sus armas se encarga de intentar destrozar el proceso revolucionario dado.

Por suerte, o desgracia para algunos, el marxismo-leninismo es una ideología que no deja cabos sueltos y además lo dejó todo de una manera lo suficientemente clara como para que las discusiones entre marxistas revolucionarios y marxistas contrarrevolucionarios sean fáciles para los revolucionarios. Sin olvidar que el marxismo es una ideología con inicios a finales del siglo XIX y por lo tanto no todos los ejemplos son válidos, la ideología en sí, los ideales que defiende son atemporales y asumibles en cualquer momento y lugar aceptando las modificaciones pertinentes para una mejor adopción de esos ideales al territorio donde se aplica, como así ocurrió con el marxismo-leninismo del pensamiento de Mao Tse-tung, por poner un ejemplo vistoso.

1. El Estado español, análisis de su realidad

Así, sabiendo que no todos los países desarrollan un mismo leninismo y que no todos los países llegarán a ese proceso al mismo tiempo por sus propios contextos, ya que no es igual el poder de las oligarquías en cada una de las naciones, tenemos como marxistas-leninistas declarados y practicantes realizar un estudio crítico de nuestra realidad y a partir de ese análisis decidir qué caminos son los más favorables para el desarrollo del socialismo en nuestro país. Viviendo, sufriendo, como lo hacemos en el Estado español éste es el marco de gobierno sobre el que tenemos que centrar nuestro análisis: ¿qué es España? ¿es el Estado español el marco de acción oportuno para la revolución socialista?

El Estado español actual es un sistema de gobierno que asegura los beneficios de una clase oligárquica proveniente bien de casas nobiliarias allí donde se renegó el desarrollo industrial bien de burgueses provenientes dealgunos puntos del Estado donde ese desarrollo sí se potenció. Este Estado español es un estado plurinacional que, en virtud del mantenimiento de los intereses de esa clase oligárquica, niega el derecho de autodeterminación de las naciones que lo componen para así defender ese mercado interno que les supone. Heredero del sistema fascista de la dictadura franquista mantiene además la estructura habitual del antiguo régimen no sólo en cuanto a fuerzas de represión -seguridad para ellos- sino que mantiene las estructuras satélites conexas a la defensa de su sistema económico: la Iglesia católica sigue defendiendo la defensa de la unidad española como un bien moral[2], un sistema militar insuficiente para acciones en el exterior pero preparado y listo para, no dudemos que siempre en defensa de la democracia, salir a las calles a atacar al enemigo interno[3] y una clase política defensora de esos intereses económicos de esa elite social ya no sólo a nivel estatal sino en la equiparable Unión Europea bien de manera neoliberal o totalmente a la usanza y espíritu de la época franquista y reconquistadora[4].

Durante el proceso mal denominado transición, que si bien se puede llamar transición de un poder fascista sobre una figura a un reparto de ese poder entre los dirigentes políticos como método de defensa de la misma estructura actualizada para los nuevos tiempos, este poder económico movió los hilos oportunos para que se supiera que lo único que se cambiaba era el disfraz, España seguiría siendo la misma España, intento golpista incluido para dejar patente este hecho. Así, adaptarse a los nuevos tiempos exigía esa amnesia que llaman consenso, los partidos de izquierda dejaban de serlo, los de derecha decían ser de centro, y los sindicatos mayoritarios corrieron la misma suerte que los partidos de izquierdas haciendo una de las mayores traiciones a los trabajadores.

2. España, revolución y cuestión nacional

El Estado español es, me repito, un estado plurinacional bajo el sometimiento de intereses burgueses. Desde un punto de vista marxista, analicemos el hecho de la autodeterminación de las naciones como parte del proceso revolucionario.

Lenin distingue tres principales tipos de país, siendo el primero de estos “los países capitalistas adelantados de Europa occidental y Estados Unidos. Los movimientos nacionales burgués-progresistas terminaron en éstos desde hace mucho tiempo. Cada una de estas “grandes” naciones oprime a otras en las colonias y dentro del país.”[5]. Y en cuanto a la manera de actuar del proletariado de las naciones opresoras marcan una línea de acción clara y bien definida: “El proletariado no puede dejar de luchar contra el mantenimiento por la fuerza de las naciones oprimidas dentro de las fronteras de un Estado determinado, y eso equivale justamente a luchar por el derecho a la autodeterminación. Debe exigir la libertad de separación política de las colonias y naciones que ”su” nación oprime”[6].

Pero en esta tesitura nos encontramos con un problema no pequeño… España es una estructura supranacional, en el momento que quitamos los intereses económicos de la ecuación el Estado español simplemente desaparece, no existe un proletariado español, existen sectores del proletariado español pero totalmente inmersos en el sistema español tradicionalista totalmente ajeno, e incluso hostil, a las posturas de izquierdas o, en su defecto, mayoritariamente influenciados por los medios de información estatalistas alienadores de la mentalidad colectiva hacia posturas quizá no tan extremas como el españolismo tradicionalista pero sí igual de reaccionario ante el proceso de autodeterminación de las naciones intraestatales y profundamente inmersos en el sistema neoliberal. No estamos en una posición siquiera similar a la del otro gran imperio europeo, Reino Unido, dónde sí encontramos a Inglaterra como nación opresora, pero ¿en España? Podríamos hablar de Castilla, pero Castilla es una nación igual de oprimida bajo los auspicios del Estado español como Andalucía, Catalunya o Galiza. Apelar a que Castilla es España por haber sido su modelo social debido al poderío de la expansión del Imperio español es igual de erróneo que colocar a Andalucía como súmum de españolidad por haber sido tomado su cultura como modelo cultural. España más que una realidad nacional es una idea abstracta, un dogma de fe como base de los intereses de la oligarquía española, y así ¿cómo puede existir un proletariado de un dogma de fe?

Y, por si eso fuera poco, la izquierda — ¡bromas aparte! — ”marxista” en el Estado español ha crecido bajo los auspicios de esa misma crítica que Lenin hacía y con la que he abierto este artículo: “engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola”. En semejante “arreglo” del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero”. Esta izquierda española resulta igual de españolista que la derecha y bajo epistemologías, en el mejor de los casos, simplistas o manipuladoras colocan la cuestión nacional como una lucha trivial relegándola a una lucha marxista a nivel estatal. Hasta tal punto llega la influencia del pensamiento pequeñoburgués a la izquierda estatal que se llegan a postular posicionamientos internacionalistas sin una definición previa de la nación desde la cual se practica ese internacionalismo. Incluso entre los autodefinidos como revolucionarios encontramos posturas que reniegan de la defensa de la obtención del derecho de autodeterminación de los hechos nacionales en nombre de la revolución social.

Estos internacionalistas sin nación propia -tan irónico como lamentable- se suman a esa izquierda “marxista” absolutamente inmersa en el sistema y que, a pesar de decir defender los valores del marxismo, critican y atacan a aquellos marxistas que defienden el derecho de autodeterminación de las naciones intraestatales, “nacionalista” es para ellos un insulto a pesar que, debido a ese curioso internacionalismo, no dudan en defender la autodeterminación de pueblos cuánto más lejos mejor, o, para colmo de su enfermedad pequeñoburguesa, la de aquellas naciones del Estado español que, principalmente por el empuje de su oligarquía al utilizar su hecho nacional como método de presión para obtener más beneficios, han tenido más eco o aquellos que han tenido un apoyo extra por parte del Estado como son Catalunya y Euskadi y, como método estatal para que no sea tan visible el motivo económico para los privilegios a estas dos, Galiza. A Andalucía, incluso este tipo de marxistas andaluces, la relegan al aspecto folklórico designado por el Estado y rehuyen de cualquier acercamiento más allá del oportunista a la postura de la defensa de la autodeterminación de Andalucía bajo lemas del Estado y totalmente acientíficos. A pesar de definirse como marxistas o incluso como revolucionarios se amoldan y defienden un sistema totalmente burgués, incluso apelando a que la lucha ha de centrarse no en la autodeterminación de las naciones intraestatales sino en el mero hecho del reconocimiento de un estado español plurinacional bajo un sistema republicano o, aún más allá, una república socialista española sin el reconocimiento del derecho de autodeterminación de esas naciones del estado plurinacional. Estas posturas claramente reformistas rozan, por decirlo de alguna manera, ideas contrarrevolucionarias e incluso reaccionarias bajo un disfraz marxista. Es labor de los revolucionarios -en el Estado español únicamente la izquierda nacionalista- bien desenmascarar estos individuos y colectivos bien mostrar a través del debate lo equivocado que una postura marxista en el Estado español se oponga o no defienda la autodeterminación de las naciones que lo componen, ya que a pesar de haber tergiversadores conscientes de ello tambien hay un amplio sector que simplemente están confusos entre una mentalidad netamente marxista y una intoxicada desde el momento en el que se nace por mensajes estatalistas que pintan al nacionalismo revolucionario como una postura de principios totalmente opuestos a los del marxismo llegando a criticarle que las naciones sean un hecho burgués olvidando premeditadamente libros claves de la ideología que dicen defender.

3. España y la revolución

El estado español tiene un carácter totalmente reaccionario, y pone en marcha toda su maquinaria neoliberal con tal de defender el estado que han forjado a base de imposición tanto militar como legal. Y como tal, actualmente encuentra toda su maquinaria reaccionaria centrada en el principal motor revolucionario que supone un auténtico problema para la pervivencia de su sistema: la izquierda abertzale.

Por si quedaba alguna duda sobre la posibilidad de producirse la revolución bajo un gobierno español, y eso aún ignorando el proceso de liberación nacional de las naciones intraestatales, en estos momentos, y desde hace años, el gobierno español boicotea de una manera fascista en un sentido estricto la implicación de una alternativa revolucionaria en su proceso, o eso dicen, democrático como es la candidatura del independentismo revolucionario vasco en cualquier proceso electoral negando no una candidatura independentista sino una candidatura revolucionaria.

Existen varios partidos nacionalistas de corte autonomista (PA, BNG, CiU, PNV…) que no sufren represión debido a su propio carácter burgués, mientras que el otro partido independentista con una presencia significativa es ERC, pero a este partido lejos de echarle encima todo el potencial del sistema, los partidos reformistas amantes del sistema pactan con ellos debido a la ideología socialdemócrata de ERC, sabiendo que a través de su implicación dentro del sistema neoliberal acabarán por difundir cualquier atisbo revolucionario que pudieran tener. Por lo que ante un partido netamente revolucionario contrario, por ese mismo espíritu revolucionario, a jugar con las cartas que el sistema burgués neoliberal pone sobre la mesa el sistema dispone de unas armas bien preparadas, tanto en un ámbito legal como -especialmente- mediático, para evitar que la democracia y el estado español sufran alguna alteración contraria a los intereses burgueses. Argumentando una lucha contra el terrorismo, demostrando una nula perspectiva histórica viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, no dudan en ilegalizar cualquier partido político de ideología revolucionaria, y por lo tanto independentista, que salga en Euskal Herria a través de indicios que a lo sumo son delitos individuales y en absoluto vinculantes[7] con la formación política en sí olvidando aplicar esa misma ley fascista a, como en un sistema democrático se supone, todas las formaciones políticas por las consecuencias que producirían a uno de los mayores partidos españolistas y máximos defensores de la idea neta de España[8].

De esta manera, todos aquellos que nos consideremos revolucionarios en el Estado español no podemos apelar a más lucha que a la eliminación del Estado español tanto por ser una estructura supranacional de intereses burgueses como por la aplicación del derecho a la autodeterminación de las naciones que conforman este estado. Toda aquella postura que se diga de izquierdas, especialmente si se dice marxista, es nuestra labor desenmascararlas por, a pesar de la etiqueta ideológica que se coloquen, no ser más que parte de la izquierda que el sistema necesita para aparentar pluralidad ideológica bloqueando el proceso revolucionario relegándolo a posturas reformistas e incluso reaccionarias. El nacionalismo de izquierdas es, pues, el único espacio donde los revolucionarios podemos ubicarnos dentro del Estado español y así realizar un internacionalismo obrero a partir de naciones libres.

Notas .-
[1] Lenin; El estado y la revolución
[2] “Oremos por el bien moral que supone la unidad de España”; A.M. Rouco Varela, Cardenal-arzobispo de Madrid.
[3]
“Las dos grandes preocupaciones de los Cuadros de Mando y Militares Profesionales de Tropa son el terrorismo y el futuro de la unidad de España”
“Si algún Estatuto de autonomía sobrepasa los límites de la Constitución, el Ejército -como garante de la Carta Magna- tendría que intervenir.”; teniente general del Ejército de Tierra y general jefe de la Fuerza Terrestre Mena.
[4]
“Yo soy un admirador de Isabel y Fernando (los Reyes Católicos)”; J.M. Aznar
[
5] Lenin; La revolución socialista y el derecho a la autodeterminación de las naciones
[6] Ibidem
[7] Motivos para la ilegalización de Batasuna: www.elmundo.es/especiales/2002/08/espana/batasuna/motivos.html
[8] El P
P Europeo no condenó ni el levantamiento fascista, ni la dictadura ni las muertes que se produjeron con motivo de tal a pesar de la unánime condena en el Parlamento Europeo el 4 de julio de 2006. En sus filas militan antiguos militantes de Fuerza Nueva y Falange. En varias manifestaciones convocadas por el PP se han escuchado cánticos pidiendo la muerte de varios miembros de otros partidos.

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