La semántica y el capitalismo

 Tal como dijo el italiano Umberto Eco, “quien maneje los medios de comunicación tendrá el poder”, y aquél que obtiene el poder luchará por no perderlo con todos los medios posibles a su alcance para adoctrinar a la población hasta convertirla en un dócil rebaño de personas. Y, como parte de ese adoctrinamiento, la izquierda revolucionaria está totalmente desvirtuada como así dijera Lenin en su El estado y la revolución: “Después de su muerte [la de las figuras revolucionarias de más renombre], se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para ‘consolar’ y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario”. Y ambas citas las venimos sufriendo en el Estado español a través de la tergiversación semántica de elementos revolucionarios y ensalzando características de la izquierda bien vista por el sistema por su propia esencia contrarrevolucionaria si bien no reaccionaria sí reformista.

La semántica en el lenguaje revolucionario no es algo que sea nuevo, ya Fernando de los Ríos tuvo el choque con Lenin en 1921 con la famosa pregunta sobre la libertad en la Unión Soviética debido a no convencerle el término “dictadura” para la dictadura del proletariado. La socialdemocracia de De los Ríos es conocida, el problema consiste en que se toman concepciones equivocadas en torno a la revolución desde un punto de vista no socialdemócrata sino siquiera marxista como piedras angulares de un supuesto pensamiento revolucionario en el Estado español.

Estos puntos son especialmente dos, que se complementan para favorecer posturas del sistema castrando el contenido de la doctrina revolucionaria, mellando el filo de la izquierda revolucionaria en el Estado español. Me refiero por un lado a la desvirtualización del término nacionalismo y por otro la exaltación de la III República como marco de la realización de la lucha socialista.

La lucha nacional

La lucha de las naciones por su soberanía y autodeterminación es uno de los principios elementales de la lucha socialista pero que, debido a que tras esos intereses tambien se pueden -y suelen- encontrar intereses burgueses, la izquierda del sistema utiliza como argumentación para no apoyar la lucha nacional en pos de la lucha laboral en exclusiva, ignorando por completo que no es posible la revolución social sin la nacional ni viceversa y cimentando la revolución socialista a un marco político-económico de orientación burguesa.

A través del prejuicio que la lucha nacional es contraria al internacionalismo obrero debido a que se crean nuevas fronteras y una utilización a la carta de la teoría marxista se realiza un análisis de la sociedad siempre dentro de los parámetros predeterminados por la oligarquía neoliberal. Ya de por sí el hecho de no querer “levantar más fronteras” implica aceptar las fronteras burguesas actuales de una manera incondicional, pensando y haciendo creer -creyéndolo así por los mensajes que el poder difunde para protegerse- que esa pretensión de obtener cada nación su soberanía consiste en levantar muros en las fronteras, nada más lejos de la realidad, fruto de su análisis no como izquierda revolucionaria sino de ser esa izquierda que el sistema necesita para aparentar pluralidad ideológica sin que esa pluralidad cuestione su modelo económico.

En la actualidad, ésta es la manera que el sistema desvirtúa el pensamiento revolucionario hacia posturas fácilmente asumibles por éste conviertiendo el objetivo de la izquierda en un estado aparentemente revolucionario en la idea abstracta pero en la realidad práctica una continuación burguesa con matices diferenciadores, únicamente se cambia el escaparate de la tienda sin promover un cambio interno que no implique una contradicción ideológica de base.

La III República

Curiosamente, todos los que defienden la III República española defienden, o dicen defender, la autodeterminación de los pueblos. Pero esa defensa se hace de una manera totalmente teórica y ajena a la realidad ya que no ven problema nacional dentro del Estado español o, si lo ven, se limitan a aplicárselo a Catalunya, Euskadi y Galiza; y no porque sean las únicas naciones intraestatales sino porque son las que el sistema oligárquico español establece como defendible por ser lugares donde esa misma oligarquía utiliza esos hechos nacionales como moneda de cambio y nunca desde una perspectiva de izquierdas. Andalucía, por ejemplo, tiene una autonomía al mismo estatus jurídico que los tres países mencionados pero, a pesar de estar reconocida oficialmente nuestro hecho nacional, los defensores de la III República no ejercitan la autodeterminación en Andalucía bien por no considerar Andalucía nación, a pesar de todas las pruebas en su contra, bien por caer en los errores semánticos del nacionalismo como algo burgués -aunque su defensa de la autodeterminación se aplica únicamente allí donde la burguesía dicta.

La II República española durante el periodo de gobierno de izquierdas es innegable que se produjeron avances sociales pero que no convierte a la II República en un periodo revolucionario español ya que bajo ninguna circustancia se dieron las condiciones para poder definir la II República como revolucionario. Fue un cambio de gobierno donde el Frente Popular realizó una política de izquierdas no revolucionaria, a lo sumo socialdemócrata que en el momento que, precisamente por ese movimiento de izquierdas, las nacionalidades empezaron a reclamar autonomía España vio una lejana posibilidad de desquebrajarse y se levantó para evitarlo de la única manera que conoce para defender su mercado interno que les supone la unidad estatal. En ese momento, cuando el fascismo se levantó fue cuando se convirtió la II República en símbolo estatal de la izquierda. Aquí entra en juego otra vez la cita inicial de Eco, mediáticamente se ha introducido en la mentalidad colectiva que para ser de izquierdas en el Estado español el marco es la república sin ir más allá, sumándose esta manipulación sobre el nacionalismo para que no se cuestione que es España como conjunto el cúlmen de la lucha socialista.

La lucha por la III República no supone ningún peligro para la oligarquía española precisamente porque no cuestiona la unidad estatal y por lo tanto no pone en jaque la estructura oligárquica estatal. Rizando el rizo, incluso se habla de la unidad de los nacionalismos de izquierdas bajo la tricolor republicana española y obtener una república socialista española, la antidialéctica convertida en marxismo. España es un estado a abolir para poder avanzar en la revolución socialista actuando hoy día como en su día lo hiciera el Imperio Austrohúngaro mostrándose como un estado moderno supranacional para así evitar su desintegración.

Los izquierda auténticamente revolucionaria auténticamente socialista debe no sólo apelar a la autodeterminación de las naciones sino además trabajar por ella, de esa manera hay que dejar a un lado teorías del sistema en torno al nacionalismo ya que el nacionalismo propone el primer paso de la revolución socialista. Así, los nacionalistas de izquierdas de los distintos países del Estado español tienen que unirse en un bloque unitario estatal con el estandarte rojo como única bandera posible como seña de socialismo y todo lo que conlleva: solidaridad internacionalista, lucha obrera, autodeterminación, dignidad, etc, etc… alejando la lucha socialista de cualquier esquema de estructura burguesa.

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