Republicanismo y socialismo en el Estado español

Aprovechando la situación tanto de la “declaración de los ayuntamientos hacia un proceso constituyente por la III República” como del artículo del compañero y amigo Francisco Campos[1], voy a tratar unos temas que tanto en defensores del republicanismo como de las luchas nacionales provoca de manera recíproca tanto rechazo como irritación como es precisamente la lucha por una III República española o la supresión de cualquier estructura española.

 

Socialismo y España

 

Sin rodeos: aplicar el socialismo en una estructura que mantenga una unión gubernamental española es antidialéctico. La pretensión del socialismo es eliminar estructuras burguesas que utilizan a la inmensa mayoría de la población como parte de su engranaje de obtención de capital, y en España la experiencia nos dictamina que es en exclusiva una estructura burguesa incapaz de desarrollarse de otra manera.

 

Ya lo dice Lenin al distinguir en tres grupos los distintos países[2], estando el Estado español dentro del primero, los países capitalistas adelantados de Europa occidental -junto a Estados Unidos- donde el capitalismo está plenamente implantado. Como dijo Lenin, las naciones opresoras mantienen a otras bajo su control, pero en el caso español nos encontramos que no hay nación opresora. Entendiendo “nación” como un hecho cultural propio y bien definido en un territorio concreto, España no es una nación al no existir un hecho cultural común a todos los habitantes del Estado, sino que es una estructura económica de beneficios para una determinada clase social como es la oligarquía terrateniente allí donde España se ha especializado en producción de materia prima y la burguesía donde el desarrollo ha sido de manufacturación de esa materia prima.

 

La cuestión nacional en el Estado español

 

Al no ser España una nación más allá de la forma gubernamental que posee, el debate de la cuestión nacional tiene en el Estado un punto clave en el desarrollo del socialismo ya que el desarrollo de éste pasa irremediablemente por la finalización de la estructura burguesa. Es decir, para que el socialismo en el Estado español tenga futuro el Estado español es el objetivo a derribar. Como dijera Mao Tse-tung, “los países socialistas son estados de un tipo enteramente nuevo, donde las clases explotadoras han sido derribadas y el pueblo trabajador tiene en sus manos el Poder.”[3]

 

A pesar que este hecho resulta, a simple vista, lógico y asumible, la cuestión nacional desde siempre ha sido un punto problemático en la ideología socialista, y el Estado español con la cuestión nacional en un papel tan eminente no iba a ser una excepción al encontrarnos no únicamente los problemas internos de distintas comprensiones del socialismo sino por la presencia de revisionistas y quintacolumnistas que se hacen pasar por revolucionarios defendiendo revoluciones socialistas en entornos burgueses. Respecto a la cuestión nacional podemos encontrar en el Estado español dos vertientes principales: republicanismo y nacionalismo.

 

La República

 

Igual que las clases opresoras convierten los iconos revolucionarios en iconos inofensivos canonizándolos rodeando sus nombres de una cierta aureola de gloria para “consolar” y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria[4] esas mismas clases opresoras ensalzan figuras asumibles que no cuestionen su sistema otorgándoles todo ese espíritu revolucionario que han extraido de las figuras que sí proponen estructuras que pueden ocasionarles problemas. En esta situación nos encontramos a la lucha por la III República española.

 

Hablar de la II República de manera despectiva está totalmente fuera de lugar, durante este periodo se pusieron sobre la mesa proyectos que son fundamentales para el desarrollo ya no socialista en sí sino tambien un desarrollo social más democrático donde la democracia, el predominio del pueblo en la política de una estado[5], sea algo más que una consigna neoliberal más demagógica y alienadora que real. Cierto es que las más importantes y las que implicaban un cambio en el sistema no se llegaron a realizar plenamente, como la reforma agraria, pero los motivos por los que no se realizaron plenamente son precisamente los motivos que deslegitiman la lucha por una III República en la actualidad, para la época era la mejor opción y a la que se llegó por el natural cauce de la historia y los acontecimientos históricos de todas las naciones y del Estado.

E incluso más fuera de lugar está el criticar la II República por el hecho de haber sido realizado sobre un marco español, porque si bien ese hecho fue el que produjo el aborto de los cambios sociales más importantes es igual de cierto que que se decidiera por un marco estatal fue fruto de la época, tanto del krausismo[6] imperante como de la prueba de los fallidos intentos socialistas de manera militar, los intentos revolucionarios- separatistas, que se dieron en puntos como Andalucía, a lo largo del siglo XIX endurecidos a finales del mismo[7] y que produjeron que fuera la manera socialdemócrata la considerada oportuna para llevar a cabo esos cambios sociales.

 

Fascismo: lo bueno y lo malo de la II República

 

El levantamiento fascista es el momento en el que el sistema ensalza la II República y se coloca como muestra de la unidad de la izquierda olvidando, haciendo olvidar, que no fue una guerra entre nacionales y republicanos sino que fue una guerra contra el fascismo. No es de extrañar que el sistema capitalista presente la III República como algo digno de pelear, realmente lo es, pero no por ser digno de luchar es algo más que una pérdida de tiempo y fuerzas en un camino erróneo que se sabe que no llega a ningún punto, asunto que la II República nos enseñó pero que bastantes, demasiados, se empeñan en no querer ver: la II República fracasó por lo que pretendía, un cambio del modelo social y el modelo del mercado interno estatal, cosa que a los terratenientes y demás clases pudientes no les interesaba. Esa evolución hacia un gobierno dirigido al pueblo no hacía otra cosa que eliminar lo que España es: un mercado interno que se mantiene a través de dogmas morales religiosos. Los avances sociales son contrarios a España, monárquica o republicana, a no ser que sean o anecdóticos o controlados por ella.

 

La II República, a pesar de no ser el inicio de una revolución socialista -como algunos “revolucionarios” afines a IU predican- sino el inicio de ciertos avances sociales lejos de cualquier atisbo revolucionario, sí se convirtió en paradigma de la izquierda a nivel estatal en el momento que se produjo el levantamiento fascista. En ese momento, la lucha por la II República se convirtió en símbolo de unidad no sólo de las naciones intraestatales sino de unidad contra el fascismo en general como demuestran la existencia de las Brigadas Internacionales y que su símbolo fuera la bandera de la II República española a pesar de no ser del Estado, dejando de ver que no era una guerra entre republicanos y nacionales siendo realmente una guerra entre fascistas y antifascistas, al contar entre sus filas todo el espectro de la izquierda. Dudo seriamente que un jornalero socialista de verdad -no los “anarquistas” de cresta o los “marxistas”/”comunistas” de malabares y palestinas al cuello de hoy día- diera su vida defendiendo un sistema que años atrás había matado a varios jornaleros[8] por el mero hecho precisamente de haber intentado iniciar la revolución por su cuenta.

 

La II República demuestra claramente el porqué la revolución socialista no debe atravesar por una III República. Lejos de un lema, “independencia y socialismo” es el camino a seguir para que se produzca de manera factible una revolución social en las naciones que actualmente componen el Estado español.

 

Republicanistas vs. Nacionalistas

 

Antes de empezar este punto, haré mención que hago referencia a ambos puntos desde una perspectiva de clase, ya que tanto el republicanismo como el nacionalismo tienen su vertiente interclasista o desideologizada. Hoy día la izquierda estatal se puede dividir, como dije antes, en dos corrientes principales, la que entiende que la revolución social debe hacerse en un modelo español y la que sabe que la revolución sólo puede obtenerse a través de la disolución de cualquier modelo español.

 

Dentro del nacionalismo de clase los conceptos están bastantes claros: independencia y socialismo, aunque haya sectores que le reconozcan a la República el hecho de una mayor democracia al eliminar una figura tan antidemocrática como es un monarca, otros sector en cambio, tal como se titula el artículo de Francisco Campos, opinan que “de España nada, ni la III República”.

 

Dentro de los republicanistas de clase podemos encontrar de todo, desde marxistas de todo tipo a revisionistas e incluso reaccionarios autocalificados de revolucionarios, la demasiado conocida quinta columna. Es precisamente al tratar el tema nacional donde se ve de qué pie cojea cada uno de quienes defienden la III República como súmum de la lucha social. Estos se puede dividir a su vez en aquellos que priman la lucha obrera a la lucha nacional, el que opina que la lucha nacional es un invento burgués de alienación obrera centrándose en la III República como marco de la lucha socialista y los que aceptan y trabajan por la lucha nacional teniendo esa lucha nacional como meta una confederación de naciones del Estado igualmente bajo una república española.

– Aquellos que anteponen la lucha obrera a la lucha nacional se olvidan que su camino ya ha sido tomado, durante la II República se trabajó anteponiendo la lucha obrera a la lucha nacional, precisamente las causas nacionales del Estado convergieron en la II República y de ahí trabajaron por la causa nacional de cada una de sus territorios. No es de extrañar que la mayoría tanto de los partidos defensores de la II República y cargos referentes a los temas sociales como diversos organizaciones y asociaciones afines a los principios socialista lo ocuparan, por lo menos en Andalucía, andalucistas, como Juan Díaz del Moral o Pascual Carrión[9] entre muchísimos más. Y a pesar de haberse visto lo inútil de esa lucha en el Estado español como un modelo viable, continúan apelando a ella empecinados por no ver el camino real a seguir.

 

– Quienes opinan que la lucha nacional es una alienación burguesa no sólo defienden la III República sino que caen en la incoherencia de defender una nación española que sí es una estructura única y exclusivamente burguesa en la que, y así la historia lo corrobora, la revolución socialista es imposible. No sólo han caido en la alienación del sistema al desvirtuar la lucha socialista a una estructura burguesa sino que apelando a la unidad a toda costa han caido en la tambien alienación capitalista de considerar que todo nacionalismo supone aislacionismo y olvidando que no es igual la unión en un sistema burgués que la unión de naciones libres. A pesar de todo, no están contra todo nacionalismo ya que no dudan en defender la soberanía palestina o la de cualquier país, cuanto más lejos y más mediatizado esté mejor, que no esté dentro del Estado español, ya que sólo en este Estado los nacionalismos son elementos burgueses levantadores de muros en las fronteras.

 

– Quien defiende un modelo estatal español sin siquiera hablar de lucha nacional y se califique de revolucionario es la quinta columna a desenmascarar. No es de extrañar encontrarnos que este tipo de revolucionarios revisionistas, reaccionarios, ridiculicen la imagen de revolucionarios haciendo que Lenin corte jamón, el Ché lleve gafas de sol o Marx lleve la corbata en la frente. Al igual que su forma de actuar, son la izquierda contrarrevolucionaria que sustrae cualquier elemento revolucionario de la ideología revolucionaria para hacer asumible por el sistema que defienden. Es nuestra labor desenmascararles y desvincularlos de nuestra lucha para dejarles donde les gusta, de la mano de los sectores más revisionistas de IU.

 

– El sistema confederal es una opción más que viable, sobre todo entiendola como unidad entre las naciones libres del Estado, de hecho, la unión de repúblicas socialistas forma parte del proceso revolucionario. Ahora bien, mantener esa confederación bajo una estructura española es igual de erróneo que defender una república federal española ya que una vez conseguido eliminar la estructura burguesa que es España ¿por qué caer en los errores del pasado? ¿porqué limitar esa confederación al actual Estado español? Culturamente, los países catalanes y Andalucía son países mediterráneos, una confederación mediterránea sería algo igual de coherente y lógico que una confederación ibérica. A pesar de ello, el planteamiento marxista-leninista es lo más importante, ojalá llegue el momento que podamos discutir en torno al sistema que cada nación socialista tendrá en relación al resto, el socialista confederaciónalista siempre que defienda la lucha nacional es un compañero de viaje tan decente y necesario como un socialista que reclame la independencia de manera directa.

 

Errores y soluciones

 

Por muy capitalista que fuera quien la dijo, la cita de Henry Ford es perfectamente aplicable al artículo: “no encuentres la falta, encuentra el remedio”. La III República no es el camino a seguir, pero hoy día es el único camino que representa unidad de la izquierda estatal. No se le puede tachar de españolista a una persona que defienda la República, sobre todo si esa persona lleva años o décadas de lucha obrera, ni se puede caer en dogmatismos ideológicos. Todo aquél que defienda la liberación nacional de clase de su país es un digno compañero de trabajo y la unidad obrera a nivel estatal viene reflejada únicamente hoy día por la bandera tricolor española.

Otra cosa muy diferente es que ese detalle nos guste más o menos, y sabiendo que no es la lucha por la III República el rumbo que el marxismo-leninismo ha de tomar en el Estado español, es nuestra obligación como revolucionarios primero el potenciar la creación de bloques leninistas que defiendan la autodeterminación de nuestro país más allá de como un lema bonito y, a la vez, crear un bloque estatal que pueda plantear nuestro problema común en la boca del lobo para no ofrecerle al sistema excusas para una represión antidemocrática y ejercer así nuestro derecho a la libertad y poner en práctica el socialismo.

 

Para conquistar su completa liberación, los pueblos oprimidos deben apoyarse ante todo en su propia lucha y, sólo en segundo lugar, en la ayuda internacional[10].” Trabajemos por nosotros en colaboración con otros países, con más motivo cuando nos une una causa común por la libertad con esos países.

 

·Notas:

[1] Francisco Campos, “De España nada, ni la III República”.
[2] V.I. Uliánov ‘Lenin’, La revolución socialista y el derecho a la autodeterminación de las naciones.
[3] Mao Tse-tung, discurso en la reunión del Soviet Supremo de la URSS en conmemoración del 40 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre.
[4] V. I. Uliánov ‘Lenin’, El estado y la revolución.
[5] Definición obtenida en el diccionario de la Lengua Castellana 22ª edición.
[6] Ideología liberal iniciada por Karl Krause que, para lo que nos atañe, identifica ‘nación’ con ‘estado’.
[7] Desde 1868 a 1883, pasando por la proclamación de un Estado andaluz independiente en 1873, la revolución socialista andaluza se manifestó de manera militar, provocándose guerras entre el ejército popular andaluz y el centralista español.

[8] 11 de Enero en Casas Viejas, hoy Benalup-Casas Viejas, de 1933.

[9] Juan Díaz del Moral, de la Comisión Técnica Agraria para la solución del problema de los latifundios.
Pascual Carrión, secretario de la Junta Central de la Reforma Agraria.

[10] Mao Tse-tung, conversación con amigos africanos el 8 de Agosto de 1963.

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