El idioma del izquierdismo

Hace tiempo que tengo la intención de escribir un artículo en torno a artículos del colaborador de la página web http://www.insurgente.org Óscar Gómez Mera y, después de su última opinión publicada en dicha página, no me haré esperar más para realizar esa intención. Este último artículo va en relación a los nacionalismo en el Estado español, más concretamente en torno a su opinión a la izquierda nacionalista, según él “un invento, oportunismo puro y duro”. Intentaré no desarrollarme mucho, aunque la cuestión en sí dé para un largo debate pero que no por ello hay que eludir ya que se trata de la base de toda lucha de liberación social como es el marco sobre el que se desarrolla. Este tertuliano destila un auténtico revisionismo al más puro estilo, utilizando terminología revolucionaria para mantener un sistema burgués e imperialista como es el español. Pero empecemos por lo más básico: el Estado español y su realidad.


España, el Estado español, única y exclusivamente es la alianza de la burguesía estatal de diversos países de la península (Portugal es un accidente, por así decirlo). Esa alianza de la burguesía actúa sobre esas realidades nacionales según sus intereses estén más o menos conformes con los intereses del centralismo. Es decir, España es un Imperio anómalo: en lugar de sustentarse sobre un único país, como el Imperio británico se sustenta sobre Inglaterra o el Imperialismo japonés lo hizo sobre Japón, este Imperio ibérico se sustenta sobre varios países formando una unidad imperialista. Profundizar sobre este hecho alargaría el debate y, básicamente, lo fundamental está dicho. España es un sistema económico que creó una red jurídica sobre la que sustentarse y mantenerse indefinidamente y que, a la vez, desarrolló toda su maquinaria para alienar a la población de esos países y convertirlas en defensoras del Imperio.

Este hecho es indiscutible, es más, los sectores más progresistas no dudan en ningún momento en reconocer a España como un “estado plurinacional” sin despeinarse. Lo grave es que incluso sectores revolucionarios reconocen este hecho y ni se inmutan. Pero, ¿porqué deberían reaccionar ante ese hecho plurinacional? Muy sencillo: la revolución social, socialista, no es más que la búsqueda de una auténtica democracia popular de igualdad entre las personas pero, y parece que este hecho se le olvida a este autoproclamado sector revolucionario, igualdad entre pueblos. De esta manera, la lucha de toda persona que se mueva en unos parámetros revolucionarios ha de orientarse a posturas que defiendan claramente y sin tapujos la autodeterminación de los países del Estado español de manera coherente y consecuente. Es decir, los revolucionarios consecuentes del Estado español tienen que actuar como nacionalistas, nacionalistas de izquierdas, evidentemente.

El sr. Gómez Mera, aunque él sólo es la personificación de todo ese sector que se define como revolucionario, confunde y generaliza “nacionalismo” única y exclusivamente como un elemento burgués cuando la historia, la historia revolucionaria, se encarga de desmentirle. Ya las luchas de liberación nacional que se produjeron durante la descolonialización evidenciaron que no bastaba con la eliminación de la presencia imperialista en sus países sino que aún quedaba por conseguir la soberanía del pueblo por el pueblo. No es de extrañar que, aunque Lenin ya expusiera la liberación nacional como una vía hacia la obtención del poder popular en aquellos países sin esa soberanía, los planteamientos de nacionalismo y socialismo provengan de los países asiáticos descolonizados. Así, Ho Chi Minh, Mao Tse Tung, Kim Il Sung demostraron que los nacionalismos de izquierdas son precisamente lo que Lenin estableció.

Ya Mao trataba el tema antiimperialista al tratar las contradicciones del pueblo chino para conseguir llevar el timonel del país1. En una línea parecida, Kim Il Sung trató que la primera lucha del pueblo coreano era la de expulsar al Imperio Japonés de Corea2 y definió a la perfección esa lucha al decir, parafraseo, que la lucha de aquel momento no era ni una revolución burguesa ni una revolución socialista sino una revolución antiimperialista y antifeudal donde la clase trabajadora de Corea era el principal motor para así continuar posteriormente hacia la revolución socialista, como así ocurrió. De hecho, en Venezuela actualmente se está en esa misma línea: no se está en una revolución ni socialista ni burguesa, se está eliminando el imperialismo del país dándole a esa revolución antiimperialista un claro sentido de clase para poder desarrollar posteriormente la revolución socialista. ¿Acaso nos olvidamos que el compañero Fidel Castro en Cuba empezó su lucha en la Universidad dentro del nacionalismo cubano? Y, es más, actuó igual de 1959 a 1976 haciendo reformas antifeudales como la reforma agraria y antiimperialistas como la nacionalización de las empresas. E igualmente Ho Chi Minh se expresó en la misma línea al decir “La nación descansa en el pueblo”3. E incluso no hace falta que nos vayamos al continente asiático, en la propia Europa nos encontramos con un proceso de liberación nacional promovido por sectores socialistas: Irlanda. James Connolly lo deja ya bastante claro en su texto “Socialismo y nacionalismo”, texto fundamental para comprender la relación entre ambas ideas y cómo se conjugan para obtener la liberación social de los pueblos.

La lucha socialista, en aquellos países sin una soberanía real que estén sometidos a estructuras ajenas, siempre se ha demostrado como antiimperialista, es decir, como nacionalista como primer paso del proceso revolucionario. Pero volvamos a España y a los imperialistas revolucionarios. No insistiré en el hecho de la necesidad de romper España para que el socialismo se lleve a cabo, ya que ese hecho está igual de demostrado al no haberse dado en Rusia el socialismo sin ante todo haber roto el Imperio zarista (Lenin lo primero que hizo fue darle la autodeterminación a los países antes zaristas y, una vez independientes, entablar entre ellos la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Ahora bien, ¿cómo que en España no se ha llegado a la idea de romper España hacia el socialismo? No es que no se haya llegado, de hecho ahí están las luchas socialistas de la segunda mitad del siglo XIX en España, de donde me permito sacar la siguiente frase para continuar con la exposición:

“Nunca entendí se rompieran los lazos de nacionalidad que unen a los diferentes pueblos de la península: la comunidad de intereses y tradición lo hacen imposible, y encontrar entre ellos un vínculo indestructible de unión es tanto más fácil, cuando pueblo compuestos de razas diferentes y con encontrados intereses lo han hallado. Al llamarme republicano federal, entendí, pues, una república individualista y puramente española; y debo hacer esta aclaración para diferenciarla de la república federal universal, que se declara socialista4”

Este texto habla por sí solo y más cuando se explique su autoría. Este texto fue escrito por Castro Solís, un empresario andaluz en 1871, en plena época de la revoluciones soberanistas andaluzas: a diez años de la Revolución de Loja de Pérez del Álamo (1861, realizada entre Loja e Iznájar que, no por casualidad, provocó que Iznájar declara la República Andaluza independiente al proclamarse la I República española); tres años después de la Revolución Cantonalista liderada por Fermín Salvochea y que defendía, igualmente, una República Andaluza federal y confederada con otros países; dos años antes de la proclamación de independencia de Andalucía de 1873 sobre la que hay constancia además en los datos del militar español encargado de evitar esa sublevación5; y a 12 años de la Constitución de Antequera, en la misma línea soberanista.

Es decir, únicamente los sectores liberales empresariales mantenían en aquella época una unidad “netamente española” del Estado, y no por otros motivos que los del interés común de esos empresarios. Los socialistas, en cambio, como se ve en los ejemplos citados, se movían en la independencia y la confederación de la misma manera que ocurrió en el Imperio zarista. ¿Porqué no prosiguió esta línea en el siglo XX? Muy sencillo: la izquierda se perdió. Las posturas políticas tendieron a posturas liberales y pequeñoburguesas que hacían imposible una interrelación entre esas posturas y los intereses del pueblo. Además, la tendencia regeneracionista, de regenerar España a través de sus regiones era la opción más seguida, entendiendo España no como Estado español actual sino precisamente como esa unión natural, y no forzada ni obligada, entre sus pueblos. Pero, para más inri, llegó la Guerra Civil y España como elemento unitario se forjó definitivamente: décadas de años de franquismo, su aperturismo económico y su introducción plena en el capitalismo la han consolidado como un mercado propio que ha hecho que la izquierda se desvíe a posturas revisionistas como la que el sr. Gómez Mera expone y que tanta izquierda revolucionaria defiende.

La III República asumida como una entidad unitaria negando la autodeterminación de sus países, como dijo Castro Solís, no es algo socialista ni revolucionario. Lo revolucionario es la postura de esos revolucionarios andaluces que defendieron la independencia del país y así avanzar al socialismo. De igual manera, es obligatorio desenmascarar a este tipo de republicanos, no revolucionarios sino revisionistas, reformistas a lo sumo, que defienden un Imperio español, ergo son españolistas (nacionalistas españoles), pero reniegan el derecho a la autodeterminación a los países de ese Imperio. Resumiendo, el sr. Gómez Mera dice “Hay dos formas de plantearse las luchas por los derechos nacionales. Desde la perspectiva de la independencia, como lo hacen los nacionalistas. Y como lo hacen los comunistas, que es desde la perspectiva del socialismo y la revolución.”6, y ahí radica su error: la lucha de liberación nacional es nacionalista, por mucho que a esta persona prefiera la palabra “patriota”7, y a la vez que evita plantear la autodeterminación de los países hacia el socialismo, plantea el tema desde una postura de un internacionalismo vacío de realidad concreta, que a efectos prácticos no hace otra cosa sino mantener la estructura predominante en la actualidad, la capitalista española, al no tener su teoría ningún atisbo de realidad concreta sobre la que sustentarse.

El problema principal de la izquierda estatal no es otra que la de alejarse de la realidad primando una teoría abstracta y colocando diferencias semánticas para implicarse en la lucha revolucionaria, y en ese sentido, los artículos de Gómez Mera reflejan ese izquierdismo, ese revolucionarismo pequeñoburgués del que tanto hay que distanciarse si se pretende materializar la revolución en nuestros países a nivel estatal.

-Notas

1 Sobre la contradicción, Mao Tse Tung
2 Sobre la construcción del poder popular, Kim Il Sung
3 “Acciones que deben hacerse y que no deben hacerse”, Ho Chi Minh
4 Hoja suelta del 4 de Marzo de 1871, M. Castro Solís
5 La pacificación de Andalucía, M. Pavía y Rodríguez de Alburquerque
6 “Sobre España”, O. Gómez Mera
7 Íbidem

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