Una misma bandera, dos intenciones diferentes

Hará 2 ó 3 años, en un acto en 18 de julio contra el levantamiento fascista que ocasionó la guerra del 36, un compañero boliviano acudió hacia nosotros por la curiosidad que le produjo el ver banderas andaluzas con la enseña socialista de la estrella roja en medio de la franja blanca. Su asombro venía precisamente porque los mismos colores en la misma disposición son, además de la bandera nacional de Andalucía, los de la bandera regional cruceña, enarbolada por los terratenientes de la zona.

Ahora, desde que el compañero Evo Morales y el MAS (Movimiento al Socialismo) llegaron al gobierno, los terratenientes -como es natural- ven peligrar el sistema de privilegio sobre el que se sustentan. Santa Cruz de Bolivia es, no por casualidad, la zona más industrializada del país, la zona más rica, y el reparto de los beneficios del país entre todos sus habitantes sería justo pero implicaría quitarle beneficios a esos terratenientes. Por ese motivo, para el día de hoy, 4 de Mayo, han convocado un referéndum simbólico por la autonomía. Este hecho, tomando como enlace la bandera cruceña y la bandera andaluza, nos permite analizar cómo un mismo término, “autonomía” tiene distintas puestas en práctica dependiendo de qué sistema económico esté en juego.

Andalucía y Santa Cruz. España y Bolivia.

Durante la llamada “transición”, el pueblo andaluz salió en masa reclamando autonomía. Frente a otros países del Estado, la cuestión autonómica fue algo exclusivo de las masas populares en lugar de autonomías como privilegios a las oligarquías de aquellos territorios. A pesar de utilizarse una ley única y exclusivamente para el referéndum andaluz -igual que hoy se utiliza en exclusiva la ley de partidos y antiterrorista a la izquierda abertzale-, los andaluces votaron que sí de manera absoluta a su autonomía. Incluso en Almería, único lugar que el españolismo dio como votante negativo, en participación el Sí arrolló al No. Se basan en una ley electoral por censo y no por participación para evitar la autonomía andaluza. De haber aplicado esa misma ley al resto de países, únicamente Andalucía tendría hoy autonomía: la participación en Euskadi y Catalunya no llegó al 60% (58’8% y 59’% respectivamente), mientras que en Galiza no llegó siquiera al 30% (28’2%). Andalucía, muy al contrario, llegó al 86’72% de participación general, siendo el referéndum de ratificación autonómica andaluza el de mayor participación en la historia de la humanidad.[1]

Ahora en Santa Cruz ocurre todo lo contrario. La autonomía no es algo popular, la autonomía la lanzan los terratenientes en un claro intento de tener un marco legal propio que evite la nacionalización de los hidrocarburos, principal fuente de ingresos de los terratenientes cruceños.

En Andalucía la autonomía fue un momento de autodeterminación donde se creía que la autonomía era la solución a los problemas de esta tierra. Autonomía en aquella época venía definida como “estado y condición del pueblo que goza de entera independencia política”, hoy día ese concepto ha cambiado a “potestad que dentro de un Estado tienen municipios, provincias, regiones u otras entidades, para regirse mediante normas y órganos de gobierno propios”[2]. La entera independencia política es lo que buscan los cruceños y es la que se negó a los andaluces. Desde la instauración de la autonomía, los andaluces hemos vivido una política de desgaste del proceso autonómico hasta el punto que la autonomía andaluza se limita a unas elecciones que, para colmo de los descaros, son conjuntas a las estatales.

La cuestión principal de este texto es ¿cómo a una nación netamente popular se le niega una autonomía real pero una región oligárquica la pretende con tanto énfasis? Ignorar los sistemas económicos en los que se reclama esa autonomía sería demasiado crédulo.

España, un estado que estaba retomando su camino al capitalismo ya empezado con Franco, no podía permitir que su mercado interno se rompiera a través de la autonomía de la base en la que basa(ba) su economía. Andalucía, desde primeros momentos del aperturismo franquista, puso de relieve su situación de territorio explotado, territorio de mano de obra y materia prima barata. La autonomía suponía un proyecto donde Andalucía, gracias a esa independencia política, estaría en condiciones de plantear y solucionar sus problemas nacionales. Que ese debate donde plantear los problemas andaluces siga a día de hoy soterrado pone de relieve que los problemas andaluces son los mismos con una apariencia diferente. El referéndum de autonomía tenía que producirse, el capitalismo se basa en la apariencia democrática para ejecutarse. A pesar de las trabas que los partidos “democráticos” pusieron, el pueblo reclamó autonomía por lo que únicamente quedaba la solución de otorgarla e iniciar el proceso de neutralización. El mercado español estaba en juego.

Ahora, lo que la autonomía cruceña pretende es poner en jaque la economía boliviana. En Bolivia se está llevando a cabo un proceso, un movimiento al socialismo, que no le conviene ni a la economía mundial ni a sus beneficiarios locales, los terratenientos cruceños. ¿Desde cuándo una región tiene derecho a la autodeterminación autonómica? Este referéndum hay que encuadrarlo dentro del mismo proceso de declaración unilateral de independencia de Kosovo y la problemática tibetana. El capitalismo global se mueve en Kosovo a través de la independencia donde utilizar ese territorio como zona de control económico y militar de zonas próximas, en el Tibet para debilitar la economía china por ser ésta la principal competidora del capitalismo euroyanki. Los terratenientes cruceños proponen la autonomía de manera que la nacionalización en Bolivia quede reducida a parámetros aceptables por el capitalismo global. Y, es más, si puede presentarse al mundo que en Bolivia se ha denegado el derecho a la autonomía en Santa Cruz, los propios terratenientes iniciarían un conflicto civil a mayor escala del que ya han realizado que justificaría la entrada -y control- de la OTAN en la zona. Ya se intentó con Nasser en Egipto usando a Israel[3], en este caso se contaría con infiltrados que no atacaría la soberanía de otro país sino que “lucharían por la democracia en Bolivia”. Curiosa esta democracia que fomenta la desigualdad.

¿Qué conclusiones podemos sacar?

Una bandera en idéntica disposición que contiene dos significados bien diferentes. En una se refleja la voluntad de un pueblo trabajador por solucionar sus problemas, en la otra la intención de su clase adinerada por mantener su sistema de privilegios. No se podía ejemplificar mejor que cómo una misma práctica tiene intenciones diferentes según su protagonista.

La obtención de autonomía sirve para romper sistemas económicos, tanto en sistemas capitalistas como en socialistas o en vías hacia el socialismo en cuanto la posibilidad de tener independencia política implica poner realizar una política económica propia. Que el capitalismo fomente independencias políticas allá donde le convenga pero la izquierda se debata en discusiones teóricas abstractas sobre la cuestión nacional demuestra lo inútil o, como poco, de escasa utilidad práctica que tiene el no defender la cuestión nacional allá donde se resida.

Bolivia es un país donde la autonomía cruceña será efectiva al salir por parte de la burguesía terrateniente y así se evitará que llegue a ser un país socialista. España es un estado donde la autonomía andaluza ha sido anulada silenciosamente al haber sido llevada por parte de partidos centralistas y los partidos de acción andaluza no comprendieran la cuestión nacional y de clase de manera general, e incluso la izquierda autocalificada “social” se pierde en debates que rechazan la cuestión nacional sin ver su cuestión táctica.

Que el referéndum cruceño sirva para vislumbrar aquí por un lado la necesidad de independencia política para llevar a cabo las reformas económicas al socialismo y, además, demostrar lo inútil del sistema actual español, que mantiene un sistema autonómico únicamente en apariencias perviviendo un estado centralista detrás de él. Esta inutilidad autonómica provoca que, a fin de debilitar a la oligarquía estatal y avanzar hacia el socialismo, el nivel de autonomía implique la autonomía absoluta: la independencia política para evitar el centralismo político español, único amigo de las burguesías de cada país aunando fuerzas hacia sus propios intereses y fomentando así una democracia totalitaria que provoca, aparte de los aspectos sociales de subdesarrollo internacional intraestatal, la situación de la izquierda abertzale y casos como los de Ino Galparsoro.

Igual que los casos cruceño y andaluz son diametral opuestos, y equiparando Bolivia a Andalucía y Santa Cruz a España -al menos en hecho popular e intención económica-, la independencia de España es el paso al socialismo no únicamente en Andalucía sino en el resto de países del Estado al identificarse, cada vez de manera menos discutible, la cuestión social con la nacional en este estado capitalista.

Que posturas reformistas de ver la realidad actual, consecuencia del anestésico capitalista, evite ver la potencialidad del pueblo andaluz para así intentar justificar la no lucha por su cuestión nacional en cooperación con otros pueblos estatales.

[3] Recuérdese la guerra entre Egipto e Israel promovida por el primer ministro británico, Eden, al nacionalizar Nasser el Canal de Suez.

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