La izquierda estatalista

El sistema económico de la burguesía, el que les es más provechoso, es el capitalista. Les ofrece en cuanto a política economía en sí un sistema que, aunque se caracteriza por tener una serie de crisis cíclicas, les da más beneficios que pérdidas. Y en política social les da una sociedad con una serie de derechos elementales y un sistema de gobierno aparentemente democrático en el que desarrollar su mercado y privilegios.

Pero las clases sociales privilegiadas lo son porque existe una capa social que carece de esos privilegios. Esos privilegios nacen de quedarse con las riquezas que otros producen, lo que se viene a llamar “plusvalía”. Esa plusvalía es la base de sus privilegios y la base de las desigualdades sociales. Es decir, las clases privilegiadas necesitan de las que no lo están para mantenerse en su status, su jerarquía social. Y son conscientes de ello. Para que sus privilegios se mantengan ante todo tienen que haber una base social de no privilegiados inconscientes de su situación. Han de creer saber que están en la cúspide social y que no hay nada que tenga que cambiar. Verán las desigualdades sociales, verán al señorito pasearse o sus propiedades, pero no sabrán verlas. No puede haber sistema más democrático y si las desigualdades o son así porque así son o simplemente no se pueden cambiar y es inútil siquiera intentarlo. La antilógica que hace que una monarquía sea un sistema plenamente democrático y nadie lo cuestione, aunque todos vean a la familia real casi todos los días.

Ese ver y no saber ver no es casualidad. Las clases privilegiadas desarrollan en nosotros una enfermedad que nos quita los ojos y nos da gafas. Esta enfermedad en concreto es una enfermedad mental que los psicólogos denominan “alienación” que, básicamente, es lo que le pasa a las personas anoréxicas o bulímicas que, pesando 30 kilos se ven obesos. La alienación es que la conciencia, individual o colectiva (en este caso, colectiva) se vuelve contradictoria a su condición, no defiende lo que es mejor para él/ella o la comunidad sino los intereses de otros, en este caso los intereses de las clases privilegiadas.

Ciertas alienaciones se conocen, son públicas y se condenan y lucha por evitarlas, como la anorexia o los abusos compulsivos. En cambio, la alienación social al ser descubierta no sólo no es condenada sino que el enfermo inconsciente proyecta sobre el enfermo consciente su condición. Niega el estar enfermo y se justifica atacando a quien le informa de su situación. La proyección es la manera más fácil y natural de evitar asumir lo que no queremos asumir o darnos cuenta (“no… ¡tonto tú!”). Este tipo de enfermedad mental viene potenciada desde arriba, mantienen a raya a la fuente de su existencia como parásitos.

Ahora bien, cuando el huésped del parasitismo se va haciendo consciente de su situación y, además, va organizando métodos para dejar de tener ese tipo de existencia entonces es cuando el parásito cambia de táctica para su supervivencia. En esa situación, la burguesía cambia el capitalismo por el fascismo.

En el fascismo se cambia la política económica y social pero el sistema burgués se mantiene. El estado, base del mercado que sustenta los privilegios de la burguesía, no cambia en esencia, sigue siendo un mero interlocutor entre las empresas y su explotación de la materia prima y mano de obra. En política económica el estado se cierra al exterior en su práctica totalidad, se vuelve autárquico, para poder reestructurar tanto la economía como la sociedad, que ve reducidos sus derechos y se ve forzada a un tipo de vida acorde a la reestructuración que se está llevando a cabo. Una vez se ha reestructurado a la población de manera que el enemigo ha sido derrotado y está controlado y el mercado está en unas líneas concretas, entonces se vuelve al sendero capitalista. España y Chile son ejemplos que así lo acreditan. Como botón, la visita de Thatcher a Pinochet en Inglaterra donde ‘la dama de hierro’ dijo que el dictador “trajo de regreso la democracia a Chile”[1].

Si Pinochet, un dictador fascista, “trajo de regreso la democracia a Chile”… ¿en qué podemos pensar que consiste la democracia? ¿Qué concepto de democracia se vivió en Inglaterra durante el mandato de la dama de hierro? ¿Qué diferencias había entre el Chile de Pinochet y el Reino Unido de Thatcher? Ninguno de base, simplemente el Reino Unido no ha tenido la necesidad que pasar de una política capitalista a una fascista para defender su tipo de democracia. Aunque deja una serie de preguntas que podrían ser preocupantes si se plantearan o hicieran pública de manera abierta: ¿vivimos en dictaduras fascistas encubiertas? ¿Nuestros dirigentes son de orientación filofascista? Tenemos un Rey que juró defender los valores del franquismo, y unos políticos que defienden la base de donde emana el poder de esos valores. Es más, sin sutilezas, varios dirigentes políticos han mostrado abiertamente su rechazo a condenar el fascismo e incluso a elogiarlo[2].

Es decir, tanto el fascismo como el capitalismo defienden, en esencia, el mismo sistema aunque tengan políticas diferentes para hacerlo, con la diferencia que el fascismo es una política especial que tiende de manera natural hacia el capitalismo, que es la forma preferente del sistema burgués.

Ahora bien, si algo se puede decir del sistema burgués es que es increiblemente inteligente. Está carente de dogmas anticuados (salvo en su forma fascista, y ahí existen como si fuera un bote salvavidas) y no sólo se adapta sino que está en constante creación de nuevos mercados y realidades económicas. Se lo trabajan demasiado en política capitalista como para ante una situación de avance del poder popular simplemente recular y volver a formas fascistas una y otra vez. Ellos mismos en su evolución y creación de nuevos mercados en Europa con la creación de la Unión Europea se han colocado en una posición delicada. Los estados, todos pero especialmente los europeos, no son más que meras formas legales, pilares sobre los que basar su economía globalizada. El problema está en que cada una de esos estados sí que sigue manteniendo unas sociedades concretas y, aunque los mercados estatales no contradigan sino refuercen El Mercado Europeo, la autarquía de uno de esos estados es simplemente imposible porque no tienen soberanía como para hacerlo. Cerrar un mercado estatal cualquiera de la Unión Europea sería un desajuste económico que llegaría a un nivel mundial por lo dependientes que se han convertido unos estados de otros.

Con esta situación, un estado fascista en la actualidad si es planteable no sería según el fascismo clásico. Por ese motivo el capitalismo trabaja en dos líneas fundamentales para evitar esa situación:

1) Evitar que se cree un posible enemigo. La manipulación es total, la alienación completa. La película de “El planeta de los simios” no es que fuera un planeta lleno de monos inteligentes, es que los políticos y los medios de comunicación les dijeron a la población que eran monos inteligentes y se lo creyeron a pies juntillas… Bromas aparte, es una exageración que no anda muy lejos de lo que ejemplifica.
2) Se vive en un sistema de ciertas libertades democráticas. La represión no puede ser gratuita ni total. El enemigo son las corrientes de izquierdas, así que ya que no puede evitar una acción revolucionaria sí crean una izquierda afín a los intereses de la burguesía, una izquierda que no pone en peligro el sistema pero que se llamará antisistema. El capitalismo consiste en vender, simplemente venden una marca comercial con esa etiqueta y si alguien quiere ser revolucionario, ahí tiene ese tipo de izquierda para jugar un rato. En el momento que sea una izquierda de verdad, ahí están todo el sistema (incluyendo la izquierda) para atacar y tachar la acción popular del término que esté de moda para descalificar y justificar la represión. Antes era “comunista” ahora “terrorista”[3].

Es decir, evitar que se creen enemigos y, a la vez, establecer un camino por el que el enemigo pueda desarrollarse sin poner en peligro el sistema.

Hasta este punto, no creo que haya muchas opiniones enfrentadas. Y, seguramente, de haberlas es por la colocación de una coma un lugar diferente de la oración. Toda la izquierda siempre es revolucionaria y la izquierda del sistema es toda menos la nuestra propia. El problema viene a partir de las próximas líneas, en las que se le pone nombre a esa izquierda del sistema. Seguramente los aludidos reaccionen como el enfermo que no quiere saber que lo está (no… ¡tonto tú!) y se viertan las críticas típicas de “estalinista”, “nacionalista” o de que el autor se cree que tiene la única verdad posible. Quien quiera debatir de una manera adulta tiene un espacio en el blog para hacerlo. Dicho esto, continuemos.

La izquierda de la burguesía se caracteriza por mantener el sistema de la clase privilegiada. En los países europeos plurinacionales esto es por defender la figura del Estado tal y como existen en la actualidad sin hacer referencia a las luchas de liberación nacional. El estatalismo es la manera en que la izquierda revisionista y reformista se expresa hoy día, llenando su discurso con una fraseología -con unos lemas- que son más publicitarios que fruto de la conciencia o la intención revolucionaria. Una fraseología tan atractiva a primera vista como vacía de contenido o de realización práctica concreta. Ya Lenin habló de este tipo de izquierda[4] de una manera más eficiente de la que yo podría hacerlo.

Como ejemplo más claro de este tipo de izquierda de la burguesía (que siendo hoy la burguesía de orientación imperialista bien podría llamarse “izquierda imperialista”) es la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) francesa, ya en el nombre se ve eso de la fraseología que acabo de decir. Francesa y francesista. Sí, mantienen lazos con los nacionalistas bretones, corsos… defienden su autodeterminación, pero no luchan por ella. La LCR en Córcega no son corsos que luchan por su independencia sino franceses en Córcega. En Francia sí que existe un territorio al que se le puede denominar “Francia”, pero el caso español nos es más cercano y aquí sí que no existe un país español o un pueblo español que sea defendible desde una postura de izquierdas, al menos no desde una postura que no sea de la izquierda imperialista. Pero igualmente, en en País Vasco la izquierda abertzale “constitucionalista” forma parte de la izquierda imperialista, cambiando una supuesta e imposible república española socialista por la lucha por la independencia de Euskal Herria. Sea como sea, su función es la misma: coger a la población, especialmente a la población con mentalidad crítica y reorientarla dentro del rebaño. El oportunismo es la característica fundamental de esa “izquierda”.
En España con más motivo, al no existir un pueblo español (al menos no como pueblo cultural sino como unidad de pueblos peninsulares -que no sólo estatales-, al estilo del pueblo americano), la lucha que reclama “república, autodeterminación y socialismo”, está equivocada desde el momento que esa lucha sí sería propia desde una perspectiva española que luchara por una república y la autodeterminación de los pueblos de los que es su metrópolis. Es un visión errónea, a mi parecer, pero hasta cierto punto se puede llegar a una lucha común sin traicionar por ninguna de las dos partes, la republicana española y las republicanas populares. Sobre todo habiendo compañeros en colectivos de este tipo que defienden abiertamente las independencias populares pero que la encuadran dentro de esa lucha a nivel estatal. Una opinión tan digna y correcta como la que se expone en este texto, la diferencias son escasas, y fruto de visiones de una misma realidad de manera diferente pero afín.

En cambio, existe otro tipo de organizaciones totalmente españolistas en un sentido unitarista que por falto de argumentos da hasta ganas de sacar el piolet. Me refiero a colectivos como Espacio Alternativo, PCE-UJCE, PCOE, PCE (m-l) y demás colectivos del estilo. En su no defensa de las naciones estatales defienden un estado español sin autodeterminación. España es su nación y el resto quizá regiones, quizá federaciones. La revolución a la carta, la lucha obrera como alienación revolucionaria. Incluso a colectivos de esa revolución española (que hasta el momento la única revolución española es la falangista) se les ha podido ver al lado de Falange pidiendo la unidad de la izquierda y la derecha[5].

El estado está ahí, es un objetivo común a derribar como enemigo común en el camino de las naciones hacia su propia independencia, que no es más que continuar el camino democrático de que cada pueblo, cada nación cultural, sea soberano y decida sus propios intereses por sí mismo. Pero esa unión popular contra el estado nunca puede hacerse desde una perspectiva española. El españolismo, el estatalismo español de izquierdas no tiene cabida por el mero hecho que ¿qué proyecto social va a poder crear si no existe un pueblo español al que apelar? Actualmente, apelar a un pueblo español es ir en detrimento de los pueblos que sí existen socialmente. Sería mantener una alienación burguesa sobre los pueblos estatales. E igualmente, la lucha nacional tomada en una lucha propia de un pueblo por su cuenta contra el Estado, por muy digna y heroica que es, no hace más que darle excusas al propio sistema para tanto reprimir la lucha como para darle a su izquierda imperialista razones “lógicas” para existir e intentar presentarse como opción “razonable” al conflicto.

Entonces, y como es necesario enfrentarse al Estado, ¿bajo qué principios debe darse esa lucha? Uniendo fuerzas, evidentemente. Pero, ¿qué fuerzas? Tomemos como fuente histórica la siguiente cita: “La dirección del Partido oficial (el PCE) no ha hecho nada absolutamente por crear en Vasconia, en Galicia y en Andalucía un movimiento de independencia nacional íntimamente ligado a la clase obrera revolucionaria (…) Nosotros somos partidarios ardientes de la independencia de Cataluña, de Euskadi, de Galicia, de Andalucía, etc. La burguesía no ha podido hacer la unidad ibérica. Ha mantenido la cohesión mediante un régimen de opresión constante. España, que no es una nación sino un Estado opresor, debe ser disgregada”[6].

Unidad estatal por las independencias nacionales. Y ¿quiénes luchan por la independencia? Únicamente las fuerzas autóctonas de cada nación, por lo que esa unión tiene que darse no entre colectivos que reclaman una república española sino entre los colectivos que luchan por repúblicas propias. Esta idea está más desarrollada en otro texto mío, “Revolución es independencia”[7]

Desde una perspectiva de la izquierda revolucionaria es lo más coherente. De manera práctica, en España, no se puede desarrollar una unidad popular española porque no existe un pueblo español. Sería, como he dicho, mantener una alienación sobre los pueblos cuando la intención principal de la revolución es, sobre todo e incluso de la revolución democrática y socialista, la revolución a nivel individual. ¿Cómo se van a crear individuos libres -base de los países libres- si se mantiene un tipo de alienación como el del pueblo español? Y, además, otro motivo de peso es el del internacionalismo. “No soy nacionalista, soy más internacionalista”. Perfecto, precisamente por ser internacionalista (aunque el internacionalismo no es una entidad abstracta) lo que se pretende es la libre relación entre naciones libres, en igualdad unas ante otras. Pedir, si no luchar, porque todo pueblo sea soberano es no únicamente un deber patriótico, en el caso de luchar por la propia soberanía, sino además un deber internacionalista.

Construyendo el internacionalismo… ¡Independencia!

[1] El momento se puede encontrar en http://www.youtube.com/watch?v=milMu-0tpW8

[2] Mayor Oreja: “por qué iba a condenar el franquismo cuando muchas familias lo vivieron con naturalidad” http://www.lavozdegalicia.es/espana/2007/10/14/0003_6226393.htm

[3] Ejemplos como calificar de proetarras a colectivos como jaleo!!!, SOC o al Grupo 17 de Marzo lo demuestra: http://noticias.ya.com/local/andalucia/18/06/2008/abogados-mesa-redonda.html

[4] Lenin – Acerca del revolucionarismo pequeñoburgués

[6] Carta abierta de la Federación Comunista Catalano-Balear al Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, La Batalla, 1 de Mayo de 1931.

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